sábado, 16 de agosto de 2014

REFLEXIONES A ULTIMOS DE AGOSTO 2014



MILITARISMO



En un breve artículo titulado EL CUARTEL y publicado en “La bitácora de Pedro Mogna”, el escritor Ibsen Martínez hace un análisis de un tema que ha pasado desapercibido pero que está tan latente hoy en día como en aquellos tiempos post independencia, cuando “Venezuela y Colombia fueron alguna vez, por breve tiempo, un mismo país cuya capital era Bogotá”: El militarismo.

Luego de hacer un recorrido histórico en el cual el autor pone de relieve la preponderancia de los militares sobre los civiles desde 1810 hasta la fecha, dejando constancia de los “pronunciamientos, asonadas, cuartelazos y...“revoluciones” que condujeron a que “...en 184 años de vida republicana los militares han gobernado durante 140 de ellos y no hemos tenido más que 36 jefes de Estado civiles”, acertadamente recuerda que en la actualidad “...son militares quienes encabezan el 48% de los Gobiernos estatales y el 20% de los ministerios”; y que “se calcula que en 15 años de chavismo más de 1.600 militares, activos o en retiro, han ocupado altos cargos en el funcionariado estatal”.

            Para concluir, Martínez se hace una pregunta:

“¿Qué nos hizo pensar a los venezolanos que un breve receso democrático, entre 1958 y 1998, nos había vacunado para siempre contra el bolivariano flagelo del militarismo?”

En los primeros tiempos republicanos, Bolívar, en 1817, reconoció ciertas retribuciones económicas a los militares a través de la Ley de Repartos, cuyo propósito era recompensar los servicios de los virtuosos defensores de la República mediante el reparto de bienes raíces e inmuebles entre los oficiales y soldados; y en 1821, confirmó el reconocimiento de los Haberes Militares a los oficiales, clases y soldados venezolanos que estuvieron en campaña desde 1813 hasta el 15 de febrero de 1819, como informa Ana Teresa Torres (Herencia de la Tribu: Del mito de la independencia a la revolución bolivariana).

Sobre el papel protagónico de los militares en el s. XIX, Allan-R. Brewer Carías (Historia Constitucional de Venezuela) cuenta que los caudillos militares  y regionales venezolanos se habían constituido en los herederos directos del poder económico de la aristocracia criolla aniquilada, mientras que en los años posteriores a 1830, en los principales aliados de ésta; pero, como dice Luis Enrique Bottaro Lupi,  no se convirtieron en sus tiempos en estadistas, en constructores, en realizadores, en creadores, en hombres de progreso y de ejecución pragmática, no aprendieron a gobernar, ni se transformaron en hombres de luces, y sus herederos aunque continuaron siendo militares, no eran más que bufones de guerritas locales intrascendentes destinadas a canalizar ambiciones personales inmediatistas a costa de rosarios de muertos inútiles, mesías del engaño y la falsedad (El surrealismo pesimista).

Y si se sigue con el s. XX, se verá que los militares, incluso durante el “trienio” adeco, ejercieron el poder hasta 1958, aun cuando hombres de la milicia, como los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, tuvieron el comportamiento cívico que la historia les reconoce como gobernantes.

Entonces, la respuesta a la pregunta del distinguido escritor quizás debería ser:

Porque los 40 años de democracia -el período de la República Civil- no fueron suficientes ni se hicieron los esfuerzos necesarios para hallar la vacuna contra ese flagelo militarista que desde la real Castilla emigró -junto a otro indeseable pasajero, la corrupción- a las Indias Occidentales en las carabelas del Almirante de la Mar Océano  para, cual virus, tomar cuerpo en los habitantes de las provincias de ultramar y desarrollarse subyacentemente, haciendo eclosión a partir de 1810, cuando se dieron los primeros gritos por la independencia americana.

ULTRADERECHA VIOLENTA


En los medios se habla de la ultraderecha violenta, y las redes comunicacionales se hacen eco de esas palabras reproduciéndolas infinitamente hasta ocupar un espacio que quizá sería mejor aprovechado para tratar otros temas, como por ejemplo, la educación.

No obstante, a título informativo, el DRAE define la ultraderecha como a aquella “Derecha política de ideología radical o extremista”; y conceptúa la violenta lo que está fuera de su natural estado, situación o modo, o que obra con ímpetu y fuerza.

Visto así, hay una redundancia porque el sentido común dice que toda ideología radical o extremista es, per se, violenta.

Quizás algún amable lector pueda dar luz al respecto y, si puede, que informe si también existe la “ultraizquierda violenta”.


“ADEQUIZAR”



Se lee en internet que un comentarista político, a quien se atribuye la condición de Fundador de Aporrea.com, ha dicho  que el PSUV se está “adequizando”.

Como es costumbre de este escribidor consultar con el DRAE, pudo determinar que en libro no está registrado el verbo adequizar, ni adequisar.

¿Sabrá alguien cuál es el significado de tan curioso verbo?

Yo adequizo o adequiso, tu adequizas o adequisas...


LA VENTA DE CITGO



Es natural que un tema tan sensible como la venta de Citgo cree fuerte controversia en el ambiente, sobre todo cuando se entremezclan otros criterios con el factor político.

Un dirigente de oposición osó decir, sin mayor fundamentación, que una negociación de esa naturaleza constituiría un acto de traición a la patria.

El ministro del ramo de la energía replicó que Citgo será vendida cuando Venezuela tenga una propuesta “conveniente a sus intereses”; y, una firma consultora internacional, para meterle candela al debate, señaló que Venezuela, con la venta de la filial petrolera, tendría dos objetivos: uno, limitar su exposición a embargos de activos, debido a los arbitrajes y juicios internacionales que se siguen contra Venezuela; y dos, que una venta apuntaría a la grave situación de liquidez del gobierno en ausencia de ajustes económicos significativos.

También un observador critica la supuesta negociación afirmando que hay que oponerse a esa venta porque sería un acto de irresponsabilidad, un atentado contra el patrimonio de la nación, mientras que otro político dice que hacerlo sería igual a la conducta de aquel padre de familia que gasta todo el dinero de la alimentación de los muchachos y luego pretende vender el taxi que mantiene el hogar.

Finalmente, un abogado, acucioso profesor universitario, ha encendido las alarmas cuando puso la “guinda” al pastel al afirmar que la supuesta venta de Citgo contrasta con la política oficial adoptada desde 2006, cual es la ampliación del sector empresarial público mediante adquisiciones, expropiaciones y nacionalizaciones, por lo que, de concretarse la venta, se trataría de un caso de privatización -vade retro, Satanás- pues el adquirente sería alguien distinto al Estado y, por tanto, del sector privado, que debería ser tratada a la luz de la Ley de Privatización y otros textos legales como la Ley Orgánica de Bienes Públicos y la Ley contra la corrupción.

Cuál será el verdadero motivo no es fácil de precisar pero, de ser cierta la posibilidad de una enajenación de la filial estatal, lo razonable sería que los negociadores actuaran de la mejor buena fe, respetando el principio de transparencia  y con la voluntad de  auténticos empresarios para sacar el mejor provecho a esa eventual negociación; o que, con absoluta franqueza se abstuvieran de llevar a cabo esa venta porque, sin dudas, es un valioso activo del país.

En fin, cuando el río suena, piedras trae, mientras todos observamos impasiblemente…